domingo, 15 de abril de 2012

Yang - Fragmentos

Típico: se te va la luz/internet/coso y entonces haces actividades que no sueles hacer.

En mi caso, me petó el pc :( me salió un pantallazo azul y adiós ^^" Mientras se reiniciaba y tal, pues decidí ponerme a dibujar. Entonces empecé a echar de menos el poder pintar en una libreta con un buen papel que no se arrugara tan fácilmente :/ y recordé que tenía una que aún no había gastado (? realmente no lo sé, aún no la he encontrado -.-" ¿Dónde andará?) Entonces me puse a buscarla. ¿Y qué hallé? La libreta no, desde luego -.-" Encontré un pequeño bloc de notas en el que había un par de relatos cortos antiguos *o*

Y como hace mil que no subo nada sobre este personaje, aún siendo uno de los que siempre me han gustado y me siguen gustando (¡incluso he roleado con él con Momo! 0u0).

En fin, para empezar, una cita de Yang:
"Sucios y estúpidos humanos. Si Dios despertara y viera lo que le habéis hecho a sus juguetes..."

Y ahora un fragmento. Aviso que esto lo escribí hace como 5 años y no me he parado a corregir su prosa ni nada, tan sólo las faltas de ortografía >-<", así que está bastante cutre x_D

>> El cuchillo descendió y la sangre salpicó mi rostro y las blancas sábanas de la cama.

- Dios... - me llevé las manos, temblorosas, a la cara.

El acuchillado hombre tosió y salió sangre de su boca.

- Al final lo has hecho -dijo, con cierta dificultad.

-Oh, Dios... mío...

El hombre se incorporó lentamente y la miró, con esos ojos de color miel. Un hilo de sangre salía de la comisura de su boca y descendía hasta su perfecta y recta barbilla.

- Sin embargo, un simple cuchillo... -continuó mientras cerraba su mano sobre éste-, no va a conseguir matarme -y lentamente fue sacando el arma de su pecho. La sangre brotó con fuerza y, poco a poco, su flujo fue disminuyendo hasta que, cuando la hoja quedó totalmente fuera, paró-. Pero puedes intentarlo con la pistola que hay en mi mesita de noche.

Tragué saliva y retrocedí. Miré rápidamente a la mesita y luego a él. Éste sacó las piernas de la cama y se sentó sobre ella. Me abalancé entonces sobre la mesita y abrí el cajón. Cogí la pistola como si en ella se me fuera la vida. Me volví de nuevo hacia él, alzando el arma y sintiendo el corazón en la garganta, para descubrir que el hombre se encontraba justo detrás de mí , de pie, mucho más cerca de lo que esperaba.

- ¿Por qué quieres matarme? -preguntó.

No pude responder, mi boca estaba seca. Mis manos temblaban.

- Ha sido ella, ¿verdad? -insistió-. Ha sido ella la que te lo ha mandado.

Miré al suelo, pero no bajé el arma.

- T-te rege-regeneras -murmuré, en un hilo de voz.

- Si quieres llamarlo así... -respondió con desgana, dando un paso hacia mí.

- ¡No te acerques! -grité, cerrando los ojos.

Y no pude evitar apretar el gatillo.

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